3 may. 2013

Eels @ BARTS


Con un día frío y lluvioso llegaba Mr.E a la ciudad condal, con esos aires reflexivos que te deja leer su novela te invitaba el día a entrar al BARTS para gozar de un buen concierto.

Eels aparecían en el escenario perfectamente uniformados con sus chándales azules Adidas de toda la vida, gafas de sol y un completo muestrario de tipos de barbas. Una vez en posición semicircular y con un fondo de tonos naranjas a juego con la imagen de su último disco empezaba lo que iba a ser un concierto de lo más completito.

Prizefighter abría la noche dando paso a uno de los temas más pegadizos de su último disco: Kinda Fuzzy. Un buen repaso tanto a Hombre Lobo como a Wonderful, Glorious nos regalaron temas como That Look You Give That Guy, canción que Mr.E consideró que era para las chicas o New Alphabet, uno de los temas más cañeras de la noche. Una velada que sin duda venía cargada de guitarras, energía desde el escenario y un buen ambiente que te embriagaba desde la primera nota.

The Sound of Fear o Souljacker fueron algunos de los temas más antiguos que recuperaron antes de abandonar el escenario por primera vez mientras Everett reclamaba su siesta, y es que a estas cosas cualquiera se acostumbra. Bueno, a eso y a abrazar a los miembros de su banda cada vez que los presentaba, con mención especial 

El primer bis estuvo eclipsado por el mashup que se marcaron en directo con My Beloved Monster y Mr. E's Beautiful Blues, mezclando melodías y letras a su elección y consiguiendo levantar toda la sala. Su segundo bis estuvo protagonizado por una sexy Fresh Blood.

Cuando la sala ya estaba a medio vaciar, luces abiertas y los técnicos de escenario llevaban varios minutos recogiendo cosas por ahí ocurrió el regalo: Eels volvían al escenario con la imagen de un payaso de lo más macabro de fondo y con luces de sala. Un último bis rápido, Dog Faced Boy y Go Eels sonaban aceleradas mientras los que quedábamos lo dimos todo sin todavía poder reaccionar.

Sin duda Eels dieron uno de esos conciertos que pasa de dejarte embobado a hacerte bailar en décimas de segundo. Eso y han conseguido fomentar la desconfianza sobre el fin real de los conciertos a un nivel impensable.

k.

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